un día te llega una semilla. pequeña y encerrada sobre sí misma. escondiendo su misterio. podría ser todo un universo o, simplemente, una mera brizna de hierba que aportaría su color verde. pero no lo sabes. y te puede la curiosidad.
te propones regarla y cuidarla para que se anime a germinar y termine por poner fin a la incertidumbre del infinito de posibilidades que propone.
día a día vas observando que la tierra de la maceta esté suficientemente húmeda, que la orientación del tiesto sea la óptima (ni mucho calor por la mañana ni excesivo frío al caer la noche). incluso te sorprendes abonando la tierra con los posos del café, justificando las horas muertas hechizado por el negro brebaje.
sin embargo, la semilla – esta semilla – se niega a abrirse. no es que se sienta incómoda, no es que adolezca de sustento o de luz. simplemente se niega. y pasa una semana, dos semanas, un mes, tres meses, medio año… obstinada en el encierro voluntario.
la inquietud de su previsible florecimiento se transforma en hastío. los pasos dados para que surja el más mínimo tallo son los pasos lógicos y que podrían dar como resultado un bello narciso o un intento de planta, helada a medio crecer. el empecinamiento en la negativa es desconcertante. y durante un tiempo te descubres siguiendo el ritual sin esperar nada. hasta que, de pronto, te das cuenta de que quizá ni siquiera el ritual tenga sentido.
y la semilla sigue ahí. en tu tiesto en el balcón. silenciosamente pidiéndote que la hagas florecer. señalándote culpable – o eso crees tú – de tu impericia jardinera. y entonces lloras. y defenestras tiesto, tierra, semilla…
y un día, vas caminando por la calle y te encuentras una semilla…
“secretos deseos (ivan ferreiro)”
Y YO TE QUITÉ TU VESTIDO DE DESEOS
HICE UN PACTO CON EL CIELO INFINITO
BAJO EL SUELO DE HOJAS AZULES
MIENTRAS TE PREGUNTABAS COMO ME LLAMABA
YO ACARICIABA TU NOMBRE
Y TU ME DISPARABAS PIEDRAS AL CORAZÓN
PISANDO CHARCOS…
Y NOS BEBIMOS LA NOCHE
AQUELLA BOTELLA DURÓ
TANTO COMO NUESTROS DESEOS
QUE NACIERON MUERTOS
Y YO TE QUITÉ TU VESTIDO DE SECRETOS
HICE UN PACTO INFINITO CON EL SUELO
BAJO UN CIELO DE HOJAS AZULES
MIENTRAS TE PREGUNTABAS COMO ME LLAMABA
YO ACARICIABA TU NOMBRE
Y TU ME DISPARABAS PIEDRAS AL CORAZÓN
PISANDO CHARCOS…
Y NOS BEBIMOS LA NOCHE
AQUELLA BOTELLA DURÓ
TANTO COMO NUESTROS DESEOS
QUE NACIERON MUERTOS
O MURIERON RECIÉN NACIDOS
COMO QUIERAS DECIRLO
NUESTROS SECRETOS NO NACIERON MUERTOS…
NO MURIERON, HAN NACIDO…
NUESTROS DESEOS