bodagitana tours

¡viva el exceso! ¡y la falta de contención! viajar en tren cinco horas seguidas, saliendo a las siete de la mañana, para aterrizar en alicante. Pillar corriendo un autobús para llegar a Elche, donde me está esperando el emocionado novio que me llevará a guardamar del segura. soy el último en llegar y me subo en el cuasi-penúltimo acontecimiento de “bodagitanatours”: paellada para todos como aperitivo a la boda-no-boda que celebraremos a partir de las ocho de la tarde. Reencuentros con gente que conocía y con personas que no. Encontrar nueva gente que desde el primer momento ya tiene los brazos y el corazón abiertos.

Risas, muchas risas. Y abrazos. Personas que estamos felices porque javi y claudia se quieren, nos quieren, les queremos y nos queremos. Es toda una celebración al amor y a la amistad. Pero hay que reponer fuerzas. Así que caminamos hacia el apartamento para echar una siestecilla, bajar a la playa, pasar por la piscina, arreglarnos, encontrar quien sepa hacer el nudo de la corbata, esconder la llave del tesoro entre cinco kilos de nueces y fumar… fumar lenta y perezosamente, viendo subir las volutas que distorsionan los contornos del horizonte que se ve desde la terraza del apartamentín.

El sitio donde javi y claudia verbalizarán, una vez más, su compromiso es espectacular. Una casita de madera de una sola planta, con un jardín cuidadísimo y una disposición bastante acertada. Un crepúsculo suave y música de violín. Van subiendo al estrado protagonistas de sus vidas para recordarnos las hazañas que tuvieron que hacer para llegar a este momento. Y no nos podemos contener. Todos tenemos un brillo colgado de un ojo, que normalmente se desliza hasta una sonrisa.

Y después, para qué más contaros, ya sabéis, copas, ruidos, excesos. Como dicen mis cómplices: las bodas que duren menos de doce horas sabrán a poco; qué hermanamiento, qué cansancio acumulado, qué boda!!; no hay palabras para una boda llena de momentos, sabores, olores, sonidos, ni para la compañía de cada uno de vosotros, la piña… Je! Me perdí los primeros tres días, pero disfruté al máximo los dos últimos.

Cuando apenas 24 horas después de haber llegado me estaba montando en el tren de vuelta, me traía de vuelta a casa más cosas de las que me había llevado…

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