martes veinticinco de julio. alrededor de las dieciséis horas.
voy caminando por houston street (jauston, en neoyorquino). miro el carrito de la compra donde vive un señor con una hamaca. voy empanado, como siempre, y, además, febril. me estoy volviendo a casa a meterme en la cama. en el mundo real los termómetros rondan los treinta y pico grados (algún día aprenderé la temperatura en farenheit). yo ni me entero. llamo la atención porque llevo jersey y pantalón largo.
“eh, chaval. ¿qué piensas del multiculturalismo?” me asalta un tipo que no va muy recto y que sería el prototipo de lo que llaman aquí (que la corrección política me perdone) white trash.
“pues… que está bien…” empiezo a responder. no quiero entrar a hablar sobre las diferencias entre multiculturalismo y pluralismo cultural, sobre el tópico de niuyol como el melting pot y cosas de ésas… yo sólo me quiero meter en la cama…
“tío, te han lavado el cerebro. los negros y chinos nos están invadiendo. a ver, ¿tú de dónde eres? ¿del líbano?” sigue disparando.
“no, señor, soy español. de europa” aunque odie hacerlo, soy condescendiente y le paso la información de que no soy hispano, sino español y que españa es un país que está en europa.
“ah! así que eres blanco. eso está bien. ten cuidado, no te mezcles, porque eso trae enfermedades. están degenerando la raza blanca. por algo hizo dios a cada raza en un continente… y ¿qué opinas de las feministas?” el tipo sigue empeñado en hablar conmigo.
“creo que han conseguido avances en la situación de la mujer, que tradicionalmente se ha visto relegada a un segundo plano…” comienzo yo con mi rollo estándar.
“tío, realmente te han lavado el cerebro. lo único que han conseguido es que se pueda abortar. que se puedan desprender de un ser humano a los ocho meses de llevarlo encima. son unas putas.”
“bien señor, no creo que nos pongamos de acuerdo. usted tiene sus opiniones y yo las mías. buenas tardes.” por dentro empiezo a reflexionar sobre la libertad de expresión y sus límites…
“mira, yo soy irlandés. ¿sabes lo que hacen los irlandeses el día de san patricio en esta ciudad? hacen un desfile que está lleno de maricones y de putas… ¿por qué tienen que exhibirse? a mí no me parece mal que existan, pero que no asomen, que no hagan gala de su condición, que no se muestren felices. además, ¿sabes qué?…”
yo me remango la camiseta. esto empieza a ser demasiado.
“¿me vas a pegar?” pregunta, medio asustado, medio divertido.
“por supuesto que no” respondo. “¿qué no sé?”
“a veces pienso en poner una bomba en una clínica abortista y espero que mueran médicos maricones, putas negras y mujeres que van a abortar. éste no es el mundo que le quiero dejar a mi hija…” me dice como si fuese un niño travieso.
me quedo hecho trocitos en la acera. él cruza la calle y dice una grosería a una muchacha negra.