un sábado cualquiera en un bar cualquiera. tomando una tónica en la barra, en lo que llegaban mis amigos, trabo conversación con una persona cualquiera. a lo tonto, a lo tonto, quedamos para desayunar al día siguiente. lo que no se materializa. pero que se transforma en el primer hito de unas semanas de largas conversaciones telefónicas. bueno, y en una cerveza intempestiva tres días después, en la que conozco su vida, su perra, sus pájaros, su casa.
viene a verme aquí, a mi exilio. rodeamos el castillo, contamos las iglesias, expandimos nuestra vista por la infinita meseta castellana, paseamos por los “atrases” del pueblo, inauguramos la temporada de cafés kilométricos en el jardín de un restaurante, nos hicimos partícipes de proyectos varios. nos despedimos con un beso.
tres días después, me quedo a dormir en su casa. ¡qué remedio! si es que las películas terminan demasiado tarde… me siento un poco culpable por que se tiene que despertar para abrirme la puerta, pero algo me dice que no es algo que haga a desgana… compartir, por la carencia absoluta, un té como desayuno podría ser un buen punto para continuar y, sin embargo, se convierte en un punto de inflexión. la siguiente vez que hablemos por teléfono será para decirme que se siente más independiente que yo, que si bajo a valladolid se lo diga, para tomar algo.
es cierto que el hecho que yo viva en barcelona mientras su casa y su trabajo estén en valladolid no es lo óptimo. es cierto que apenas nos conocemos y que nos hemos visto cuatro veces. es cierto que esto no es el comienzo de una bonita amistad, así como que no nos hemos prometido amor eterno. pero si te vas a proteger tanto, si te vas a poner la venda antes de que se produzca la herida, si no me volverás a llamar o enviar un mensaje de buenas noches o proponer una nueva cerveza en un punto intermedio de los cuarenta y dos kilómetros que nos unen, casi mejor me avisas, porque no me merece la pena estar pensando si es que eres idiota o soy tonto de remate. y la tesis por hacer, ¡cielos!
“te lo dije (quique gonzález)”
TE LO DIJE: “SI ME DAS UN METRO, TE HAGO UN DESCOSIDO”.
TE LO DICE EL PEQUEÑO DESASTRE QUE ORIGINO.
YO NO QUIERO QUE TÚ TE ENGANCHES CONMIGO.
YO NO QUIERO QUE NADIE CARGUE CONMIGO.
TE LO DIJE: “SI ME DAS UN MAPA SIGO EL RECORRIDO”.
QUIEN LO MIDE POR NÚMERO DE GOLPES RECIBIDOS.
YO NO QUIERO TENTAR LA SUERTE CONTIGO.
YO NO QUIERO QUE TÚ TE ENGANCHES CONMIGO.
PARA LA MÚSICA HASTA DEJARME FRÍO.
PALABRAS RÁPIDAS COMO CUCHILLOS.
SIETE CASAS ENCENDIDAS,
SIETE CAMPANAS DE REDENCIÓN.
SIETE CASAS ENCENDIDAS
PARA MI ATAQUE DE CORAZÓN
TE LO DIJE: “NO TE FÍES DE LA PINTA DE BUEN CHICO”.
TE LO DICE EL PEQUEÑO DESASTRE QUE ORIGINO.
SÓLO QUISE QUEDARME UN RATO CONTIGO.
SÓLO QUIERO QUEDARME UN RATO CONTIGO.
PARA LA MÚSICA HASTA DEJARME FRÍO.
PALABRAS RÁPIDAS COMO CUCHILLOS.
SIETE CASAS ENCENDIDAS,
SIETE CAMPANAS DE REDENCIÓN.
SIETE CASAS ENCENDIDAS
PARA MI ATAQUE DE CORAZÓN.
SIETE CASAS ENCENDIDAS,
SIETE CAMPANAS DE REDENCIÓN.
SIETE CASAS ENCENDIDAS
PARA MI ATAQUE DE CORAZÓN.