y que probablemente no terminaré. era una conversación que, por el momento, se ha quedado en palabras.
no hay fábula o mito más injusto que el de prometeo. como sabes, el tipo, un titán de los pies a la cabeza, roba el fuego de los dioses y se lo da a los hombres. a zeus ese tipo de comportamiento no le hace ni pizca de gracia y no se le ocurre otra cosa que mandarlo al tártaro, donde cada día un águila le devora los higadillos y cada noche le vuelven a crecer. día a día, hasta el fin de los tiempos (if any).
yo tengo la sensación de que habla sobre lo que me describías hace unos días. “la inquietud”, acompañada de cualquier adjetivo: intelectual, social, tecnológica, política… ese despertar de la conciencia que levanta el velo de la ignorancia y nos muestra el mundo tal como es. quizá debería ser más concreto y el mundo asoma tal y como creemos que es.
y desde entonces nada es lo de antes. el conocimiento produce infelicidad, pero amplía horizontes y hace más libres a las personas. aunque también puede desvelar realidades tan cínicas que asustan.
yo soy un teórico. estudio lo que debería de ser. la justicia, los derechos fundamentales, el control del poder… esa retórica que para hablar en el cafetín por las noches te granjea asentimientos, pero que cuando me enfrento al mundo real me tengo que envainar. porque es mentira. o mejor dicho, en un alarde de ironía, una verdad incompleta.
ya te conté la injusticia que sufrió un amigo mío en lavapiés que se reduce, básicamente, a lo mismo. las declaraciones de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado tienen un valor probatorio cualificado, mayor que el de los simples mortales. y tiene cierta lógica si les hemos hecho entrega del poder coactivo del estado. pero deja de tenerla cuando abusan de él. en este caso hay pruebas que apuntan en dirección contraria y un mendrugo de juez que no hace ni siquiera referencia a ellas. pero, siento decirte, que la cosa pinta mal. en el proceso que venga a continuación, el tribunal/audiencia que revise no podrá volverse a plantear las pruebas, sino constatar que el otro juez no ha hecho nada “feo” en la sentencia. y no lo habrá hecho, probablemente. faltarán de la misma un montón de datos, pero será impecable.
¿y ante esto que podemos hacer? decía susanita (de mafalda… sí, uno tiene esos vicios) que la solución estaba en decir “¡qué barbaridad!” porque, total, no íbamos a cambiar el mundo. y todos lo hemos hecho más de una vez leyendo o viendo o escuchando las noticias. pero, probablemente, sea insuficiente. y, quizá, la primera vía de actuación debería ser la información. y después la concienciación. y por último la actuación.
primer problema que nos encontramos: cuando quieres hacer llegar un mensaje a la masa sobre la policía (el terrorismo, la reducción de derechos…) se contrarresta con la excusa: “es que algo habrán hecho”. o el temible “si tú eres bueno / te portas bien no tienes por qué preocuparte”. el conflicto aparece cuando esas premisas son falsas, como la realidad demuestra.
segundo problema: falta de identificación de los derechos que están en juego. ¿en qué me afectan los excesos policiales?
a mi amiga x. le robaron su ordenador portátil en la estación sur de autobuses de madrid. cuando lo denunció a la policía, el agente se dedicó a consolarla en vez de intentar atrapar al ladrón.
a su amiga l. le robaron el bolso en barcelona. como es una chica valiente, persiguió al sujeto hasta que éste entró en un bar árabe. encontró a un agente policial y le contó lo que sabía. él le respondió que por lo que cobraba, no arriesgaba su pellejo entrando en ese agujero.
a mí me dice un policía que me ha de registrar, pero que no me ponga nervioso, que sabe que no soy un terrorista (yo le contesto que espero que él tampoco lo sea).
a mi amigo r. le detuvieron por negarse a mostrar el denei a una pareja de policías nacionales mientras no le dijeran para qué lo necesitaban. en el atestado se inventaron que éste los había insultado e intentado agredir. el resultado fue un día encerrado en comisaría y una multa de trescientos euros. aparte de la frustración por la injusticia.
a d., amigo de una amiga, le detuvieron como cabeza de turco después de una manifestación contra la lou. a pesar de las pruebas en contrario, le han condenado por atentado contra la autoridad. por tirar un ladrillo a un policía que le tenía inmovilizado.
en valencia, los policías municipales acosan a los vendedores ambulantes, negándose a tomar nota de los bienes incautados con la consiguiente merma de los mismos cuando se devuelven a sus dueños.
a mi amigo p. le detiene la policía después de la manifestación anti-globalización en barcelona. cuando le conducen a comisaría tenía una cámara de fotos que valía trescientos sesenta euros. cuando sale de comisaría la cámara no aparece por ninguna parte y no existe registro de la misma.